Ya no hacen las cruces como antes.
Dos mil años atrás, los romanos las hacían a mano de maderas verdadera—ásperas,
sólidas, duraderas—manchadas con colores naturales. Había un sentido de asombro y respeto por los que construían
tales creaciones.
Pero como muchos productos, la mayoría de las cruces de hoy son hechas a máquina y
producidas en masa por gerentes que solamente ven el punto final de números y
dólares. La madera sólida y áspera ha sido reemplazada por nogal o roble barnizado—claro está, coordinado para
combinar con los bancos acolchonados.
Para una apariencia más contemporánea, están los diseños de aluminio, Plexiglás, y
fibra de vidrio en colores decorativos. ¿Y quien puede olvidar las cruces de plástico fosforescente otorgadas
como premio en las promociones de la Escuela Dominical?
Aún los catálogos de joyería en los que se puede ordenar por correo presentan cruces
“dignificadas, ricamente diseñadas en 24k enchapadas en oro o en plata
esterlina, con cadenas en cajas venecianas para combinar. Perfectas para bautismos, comunión o
regalos de bodas.” Una ofrece “la
tranquilidad de una cruz enchapada en platino.” Otra promete “una cruz enchapada en oro con un punto
microscópico de la Biblia completa en el centro para que pueda tener la paz
de la Palabra de Dios cerca de usted todo el día.”
Ya no hacen las cruces como antes.
Cuando
Cristo le dijo a sus discípulos que tomaran su cruz y lo siguieran, él no
estaba hablando de joyería de 24-quilates. El tenía en mente una viga áspera, astillada y manchada con sudor,
sangre y vino narcotizado. ¡No es de
extrañarse que esta idea hizo que Pedro “reprochara” al maestro por esa
declaración! Esa es la razón por la
cual Pablo llama a la cruz un “tropezadero para los judíos y locura para los
gentiles” (1 Corintios 1:23).
Y también la iglesia organizada comenzó a lijar los ásperos e irritantes lados
cortantes.
Las manchas viejas fueron quitadas. La cruz necesitaba “mejoras para el mercadeo” y un mejor “empaque”. Dos mil años más tarde, la cruz ha sido
“re-categorizada” de forma tal que ahora se encuentra disponible en las
tiendas de joyería más elegantes y es llevada por la sociedad más respetable
y mejor vestida.
Pero al
hacer esto, ¿cómo se ha desprovisto a la cruz de Cristo de su poder? ¿Se ha modernizado este instrumento de
muerte y convertido en un cuadro precioso o en una pieza de joyería echa al
gusto del comprador? Y sus
seguidores, ¿también se han convertido en una tenue capa de barniz? ¿Se han esmaltado las almas con capas de
barniz brilloso para que la sangre, el agua viva, y el vino nuevo raramente
penetren el exterior?
Ya no
hacen las cruces como antes.
Cristo no
nos está pidiendo que aceptemos un sentido fosforescente de paz y
seguridad. El no nos está pidiendo
que nos neguemos a nosotros mismos cincuenta dólares para comprar “la
tranquilidad de esta bella cruz de enchapada en platino.”
La cruz de Cristo es pesada, áspera, con olor a sangre y muerte. Pero con este peso, las cargas son
levantadas. Con sus manchas
sangrientas, las almas son purificadas.
Con sus astillas, las conciencias son punzadas para que podamos ser
pulidos y formados a su semejanza.
¡Este artefacto mortífero da vida nueva!
En
Spearfish, Dakota del Sur, sí hacen cruces como antes.
Un visitante al famoso drama de la pasión en ese lugar pidió ver la cruz luego
de la actuación. Quedó perplejo ante
el peso. “Pensé que sería hueca.”
El actor
que representaba al Señor respondió, “Debo sentir el peso de la cruz para
actuar como Cristo.”
Quizás todavía hacen cruces como antes.
Derechos de autor © 1988 James N. Watkins. Todos los derechos reservados.
Traducido por Wilma
Castro
Copyright © James N. Watkins
